"El infinito cabe en una hoja de papel". (Lu Chi)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Carmen Posadas, por el filo de la navaja



Manuel C. Díaz

Especial/El Nuevo Herald

Carmen Posadas (Montevideo, 1953), reside en Madrid desde 1965. Ya en 1997, con su colección de relatos Nada es lo que parece, quedó consagrada como una autora de éxito entre lectores y críticos. Distinción que ya había alcanzado con la publicación, un año antes, de su novela Cinco moscas azules. Sus libros, entre cuentos infantiles, ensayos y novelas, pasan de 40 y han sido traducidos a más de 20 idiomas. Uno de ellos, Pequeñas infamias, obtuvo el Premio Planeta de 1998. Sin embargo, a pesar de la diversidad de su obra, Posadas parece haber encontrado en las biografías noveladas y las novelas históricas, su propio nicho genérico. Todo comenzó con La Bella Otero (Planeta, 2002), en la que se cuenta la vida de una cortesana de origen español que llegó a Francia y se convirtió en uno de los personajes más fascinantes de la Bella Época. A esa exitosa novela le siguió La cinta roja (Espasa, 2008), basada en la historia de Teresa Cabarrús, una ambiciosa mujer que, tanto durante el reinado de Luis XVI y María Antonieta, como en los tiempos del Terror y los del Imperio Napoleónico, fue, indistintamente, aventurera, espía, prostituta de lujo, amante de asesinos, revolucionaria y princesa.

Es en ese mismo tenor –pero con un trasfondo más complejo– que Posadas regresa con una nueva novela titulada El testigo invisible (Planeta, 2013), ambientada en los últimos tiempos del zarismo y en los comienzos de la revolución bolchevique, y que la autora presenta en la Feria Internacional del Libro del Miami, coordinada por el Miami Dade College.

Desde Madrid, Carmen Posadas nos habla de su nueva novela. 

En El testigo invisible se narran no solo los últimos días de la familia imperial rusa, sino también la cotidianeidad de sus vidas en el palacio Aleksandr antes de su derrocamiento. ¿Qué fue lo que la atrajo hacia ese tema?

Mi padre estuvo de embajador de Uruguay en Moscú en los años 1970 y yo me casé allí. Desde entonces tengo especial cariño hacia el pueblo ruso. En mi novela quería retratar no solo la vida de los grandes personajes históricos, sino también la vida cotidiana de las personas corrientes en un momento tan extremo como la revolución rusa. 

Las novelas históricas y las biografías noveladas parecen estar de moda en España. ¿Hay diferencias entre unas y otras?

Las novelas históricas eligen como telón de fondo un momento puntual. Hablan, no necesariamente, de personajes célebres. Pueden tener por protagonista a un panadero, un soldado, y utilizarlo para que se relacione con personajes históricos atractivos. La biografía novelada trata, como su propio nombre indica, de la vida de un personaje célebre y sus andanzas. Es verdad que ambos géneros están de moda. Es verdad también que la palabra “novela” permite fantasear e inventar todo lo que el escritor desee. Personalmente yo no lo hago. Todo lo que se cuenta en El testigo invisible es fiel a lo sucedido en la realidad. Yo no quería escribir la enésima novela sobre cómo se salvó Anastasia, por ejemplo. Las pruebas de ADN han demostrado de forma rotunda que toda la familia murió en Ekaterimburgo. Pienso que la historia es ya tan romántica, tan potente y deslumbrante que no hace falta inventarse nada. 

Su novela está narrada desde el punto de vista de uno de los criados, Leonid Sednev, el único que salió con vida de la casa Ipatiev la noche que asesinaron a toda la familia imperial. ¿Es Leonid un personaje real o de ficción?

En efecto existió. Los lectores curiosos pueden “googlearlo” y ver incluso su foto en internet. Tenía 14 años, fue pinche de cocina y, por lo visto, escribió unas memorias que, lamentablemente, se han perdido. Sobre su vida posterior a la muerte de la familia, se sabe que luchó en las filas del Ejército Blanco y luego hay dos teorías. Unos dicen que murió en las purgas de Stalin y otros afirman que emigró a Sudamérica. Yo tomo esta segunda posibilidad y me lo llevo a Uruguay (donde hay, por cierto, una colonia de rusos llegados al norte de mi país en esos años y que aun conservan sus costumbres, su religión, etc.). Lo hago así porque quería que el viejo Leonid recordara lo vivido y contara su historia una vez transcurrido el tiempo. De este modo, podía reflexionar sobre lo ocurrido y aportar al lector todos los descubrimientos más recientes sobre la vida y la muerte de los Romanov. La vida del viejo Leonid es la única parte de ficción que hay en la novela, pero todo lo que él cuenta sobre su experiencia con la familia imperial, sucedió realmente. 

Ya sea que la historia se convierta en un pretexto para narrar una ficción, o que los hechos históricos predominen claramente sobre los inventados, lo cierto es que en ambos casos el escritor tiene que ser un poco historiador y un poco novelista. ¿Hay en esta novela más ficción que realidad? ¿O viceversa?
Como digo, todos los hechos narrados son históricos. Como es lógico, he tenido que ficcionalizar ciertos pasajes. Por ejemplo, los diálogos que aparecen en la novela son una recreación. Es un trabajo laborioso pero apasionante. Lo mismo ocurre con escenas importantes o históricas. Leonid Sednev, antes de ser pinche de cocina fue deshollinador. Su tarea consistía en limpiar los conductos de enormes estufas con las que caldeaba el palacio. Esto le permitía ver, a través de las rejillas de ventilación, muchas cosas que ocurrían en los salones de palacio. Por eso el libro se llama El testigo invisible. 

El testigo invisible está escrita con la minuciosidad de un texto histórico y la fluidez narrativa de una gran novela. ¿Cómo logró armonizar ambos elementos?

¡Gracias por el piropo! Es justo el efecto que yo deseaba alcanzar. En este tipo de libro uno camina por el filo de la navaja. O se cae en la pedantería de aburrir al lector con un montón de datos, cifras y fechas; o se queda uno corto y presenta un libro demasiado frívolo. El truco, creo yo, está en poner el énfasis en lo que los franceses llaman la petite histoire, las anécdotas, los datos curiosos; los cotilleos, incluso.

La Bella Otero y La cinta roja, aunque ambientadas en épocas importantes, no tienen la grandiosidad de El testigo invisible. ¿Considera que esta es su novela más ambiciosa hasta la fecha?

Estoy muy contenta porque tanto la crítica como los lectores consideran que esta es mi mejor novela. Para un escritor no hay nada tan satisfactorio como eso.

Los avances tecnológicos de los últimos años han tenido un impacto significativo en la industria editorial. ¿Cómo ve el futuro del libro impreso? ¿Sobrevivirá? 

!Uf! A veces me siento como un dinosaurio en vías de extinción... No, ahora en serio. Por supuesto estamos ante nuevos retos y hay que reinventarse. Dicho esto, también es verdad que se están produciendo fenómenos muy interesantes, como los libros que nacen en internet. Estos libros y estos autores, gracias a la red, tienen un camino directo para llegar a los lectores. 

Sábado 23, salón 3209, 12:45 p.m., panel del Instituto Cervantes, y domingo 24, salón 3209, 6 p.m., ‘Conversaciones transatlánticas’.
manuelcdiaz@comcast.net

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